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Esfinge: Guardián de mil enigmas

Imponente, mítica y siempre altiva son algunos de los atributos que se le achacan a la exquisita obra de arte antiguo, siempre vigilante en el arenoso mar de Egipto. El misterio continúa a miles de años de su edificación, aunque con la ciencia moderna nos hemos acercado un poco mas a sus brillantes creadores.


En el valle de Giza, a unos pasos de las grandes pirámides se encuentra la Esfinge, mirando eternamente al horizonte, su rostro y mirada lejana capturan el misterio de un ciento de "mona lisas". La colosal estatua de 16.7 metros de altura y 60 metros de largo ha sido esculpida de la misma roca del valle, por lo que solo su cabeza sobresale del paisaje árido del desierto mientras su cuerpo de león yace debajo del nivel de la arena.

La historia

La Gran Esfinge de Giza es un gran monumento situado en la ribera occidental del río Nilo. Se cree que construida posiblemente durante la dinastía IV de Egipto (a. siglo XXVI adC). La gran esfinge se realizó esculpiendo la roca caliza natural de la meseta de Giza que rodeaba al monumento. Los estratos inferiores se decomponen facilmente con la humedad del ambiente pero la arena arrastrada por los vientos del desierto cubrió su cuerpo periódicamente, protegiéndola durante siglos.
Gozó de veneración y culto por los egipcios desde la antigüedad, especialmente durante el Imperio Nuevo. Fue identificada con el dios extranjero Horum, y con el dios egipcio Horus como el Horizonte Hor-em-Ajet. Los árabes la denominaron "el Padre del Terror".
Se tiene constancia de restauraciones desde la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo.
Entre los años 1.816 y 1.818 el Capitán Giovanni Battista Caviglia se encargó de desenterrar La Esfinge y los templos que la rodean.
En el siglo XX se llevaron a cabo trabajos de restauración y consolidación del revestimiento desde el año 1925, con resultados poco satisfactorios por las técnicas y materiales empleados, con posteriores actuaciones en 1980 y 1992.

Después de largos siglos de decadencia, invasiones extranjeras y enfermedades, muchos monumentos y ciudades quedaron abandonados. Tal es el caso de la Esfinge que fue desenterrada hasta el siglo XIX cuando Napoleón Bonaparte hacía campaña en Egipto. En parte, debido a su pasión por el pasado egipcio, y en parte como un medio publicitario, Napoleón llevó consigo un nutrido grupo de científicos, historiadores, antropólogos que estudiaron a detalle cada uno de los hallazgos que iban descubriendo y los documentaron en amplios volúmenes ilustrados. Cuando la esfinge fue descubierta sólo su rostro sobresalía en el árido paisaje.
En un principio se atribuyó su construcción al faraón Kephrén, quien a su vez construyó la segunda gran pirámide que se encuentra en el mismo valle hace 4500 años. Tal atribución se debe sobre todo, a una lápida en la cual se indica la fecha en que fue restaurado el monumento por mandato el mismo faraón. Sin embargo no menciona que él la hubiese construido.
También se dice que el rostro de la esfinge corresponde al del mismo Kephrén (aunque otras personas lo ven como un rostro femenino).

La historia oculta

Sin embargo otros investigadores aseguran que no existe evidencia alguna para fechar la gran esfinge en ese periodo y sí hay pruebas para datar su origen siglos atrás, mucho antes de la civilización egipcia, aún mucho antes que cualquier otro registro histórico que se tenga; situando su edificación hace 12,000 años. Tal afirmación hace temblar a la arqueología ortodoxa desde sus cimientos, derribando de un golpe nuestras concepciones históricas. ¿Cómo es posible que pudiera existir una civilización tan antigua, con tal avance tecnológico como para construir un monumento de tal magnitud, y no haber dejado ningún otro vestigio?
Para la ciencia ortodoxa en esos tiempos el hombre era apenas un recolector y cazador que comenzada a desarrollar la agricultura, no es posible que existieran asentamientos humanos y mucho menos conocimientos científicos ni tecnológicos.
El egiptólogo independiente, John A. West es quien más ha estudiado la teoría de los constructores prehistóricos de la esfinge. Sus afirmaciones no han sido escuchadas por los arqueólogos quienes lo tachan de charlatán sin fundamentos científicos. En 1991 el prominente geólogo Dr. Robert Schoch quiso averiguar por sí mismo si tal teoría tenía algún fundamento y viajó hasta Egipto para hacer sus observaciones. Lo que descubrió lo impactó tanto que ahora está convencido de la antigüedad de la Esfinge.
Dr. Robert Schoch, Geofísico y profesor de la Universidad de Boston, condujo una exploración geológica de la esfinge y del recinto de la esfinge de Giza en Egipto, con la idea de estimar la antigüedad de la esfinge basándose en los patrones de erosión que West le había apuntado.

Bien, pensemos que Schoch no es exactamente Erik von Daniken. Anteriormente a esta exploración no era un famoso proponente de la pseudo arqueología, es simplemente un geólogo. Es posible que le hayan llenado la cabeza de ideas erróneas, como a muchos científicos cuando se aventuran fuera de su campo - Einstein estaba fascinado por la absurda idea de que toda la corteza terrestre de la Tierra podría desplazarse en un rápido movimiento, o Linus Pauling, que recomendaba dosis masivas de vitamina C como una cura para todo, etc etc... Lo que quiero decir es que, aunque West le había metido en la cabeza la idea de una esfinge más antigua antes de la exploración, el hecho es que la geología estaba implicada, así como la reputación de Schoch (e incluso posiblemente su forma de ganarse la vida), motivos suficientes para indicar que sus hallazgos representan un intento honesto de estimar la edad de la esfinge basándose en la erosión.
Lo que descubrió Schoch fue que la erosión en la pared del recinto de la esfinge parecía deberse al agua, probablemente precipitaciones de agua de lluvia durante siglos de tormentas. Utilizando tecnología tipo sónar para examinar el suelo de piedra caliza del recinto de la esfinge (que está cubierto de arena, y lo ha estado durante mucho, mucho tiempo), Schoch también determinó que el suelo del recinto de la esfinge había sido significativamente erosionado por acción atmosférica en la zona este (frontal), cuando se comparaba con el suelo oeste. Este tipo de erosión, que está causado por la exposición al aire (no a la lluvia) y que no podía prevenirse por el cubrimiento de la arena (no importa cómo esté de profundo), ha sido utilizado ampliamente por los geólogos en el pasado para estimar las fechas de exposición de la roca. Es la diferencia relativa en este tipo de erosión por el viento la que es útil en estos casos. Schoch, sabiendo que la opinión generalizada es que la esfinge fue tallada por orden de Kefrén (Kaphre) alrededor del año 2500 AC, pensó que la parte trasera del suelo del recinto sería de esta época. Cálculos basados en el desgaste por acción del viento más intenso en el suelo del frente del recinto llevaron a Schoch a estimar que esta porción del recinto tenía que tener al menos 2000 años más de antigüedad, posiblemente 5000 años o más. El "o más" está basado principalmente en el hecho de que esa erosión por el viento normalmente no es lineal.

La piedra caliza erosionada del suelo sigue estando allí; no ha desaparecido ni nada por el estilo. Cuanto más profunda se extiende la erosión, más lento es el proceso de dicha erosión. Puesto que la relación entre tiempo y profundidad de la roca erosionada no es lineal, es difícil llegar a buenas estimaciones de la fecha real de la primera exposición a la erosión. Por ejemplo, diferentes piedras calizas se erosionarán a ritmos distintos, incluso las capas del mismo depósito de piedra caliza difieren bastante en sus propiedades. Debido a esto, Schoch se siente confortable con una fecha de al menos 4750 AC para la primera exposición del suelo del recinto de la esfinge del lado este (el frente). Y la incertidumbre en la datación es lo que permite a esta porción del recinto ser "posiblemente" fechada en el 7000 AC o incluso antes. Este período de tiempo se corresponde bien con el período húmedo en Giza, que podría explicar el aparente tipo de erosión por riadas de lluvia que puede verse en las paredes del recinto y en el propio cuerpo de la esfinge. El período húmedo más reciente que conocemos en Giza, cuando se produjeron las lluvias suficientes como para producir la erosión observada en el recinto de la esfinge, fue durante la que es llamada la Fase Húmeda Neolítica. El punto máximo de ese período húmedo fue alrededor del año 6000 AC.

La climatología en Giza es bastante bien conocida. Los egipcios guardaron buenos registros; eran una sociedad agrícola, después de todo. Las lluvias fuertes eran algo más que esporádicas durante la antigua civilización egipcia. Lo importante para los egipcios era la crecida anual del Nilo. Prácticamente ellos no sabían de dónde venía esa crecida. Es decir, el tema de la crecida era parte de su religión, y no hicieron ninguna conexión con alguna precipitación que la causara. De hecho, la crecida del Nilo, que sigue sucediendo hoy, es debida a fuertes lluvias estacionales muy lejos de Egipto. De modo que si la erosión de la pared del recinto es debida al agua, es poco probable que fuese por la lluvia de la era moderna o incluso de la era dinástica. El hecho de que el punto culminante de la Fase Húmeda Neolítica se corresponda casi perfectamente con los cálculos de Schoch relativos al suelo enterrado del recinto significa una de dos cosas. O un dato refuerza al otro, o Schoch tenía la Fase Húmeda Neolítica metida en la cabeza y ajustó los datos del suelo del recinto de la esfinge para que encajaran. Lo primero es lo más probable, ya que lo último implica la interpretación de los datos científicos con supervisión.

Los arqueólogos no quieren prestar oídos a tan revolucionarias hipótesis, aún cuando las mismas leyendas del Antiguo Egipto hablan de una era mucho muy antigua llamada "Zep Tepi" o primera era, en la que los dioses gobernaban Egipto. Uno indudablemente se preguntaria: ¿Quienes eran estos dioses?
Pero todos estos datos hubiesen quedado en el olvido sino hubiesen contado con el apoyo de cientos de geólogos, tras la presentación de un informe muy detallado por parte de J.A.West a la Sociedad de Geología Norteamericana, la cual prometió fondos económicos y ayuda técnica para la continuación de los estudios en Giza. ¿Cuál fue entonces la reacción de la egiptología oficial?. Muy sencillo teniendo en cuenta lo que se jugaban, presionaron al Gobierno egipcio para que prohibiese la realización de pruebas geológicas cerca de La Esfinge, y trataron de desprestigiar este tipo de estudios geológicos que habían irrumpido en una parcela de "uso y disfrute exclusivo", de la egiptología oficial.
Nuevos datos e informes siguieron apareciendo, incluso a través de medios tan prestigiosos como el "New York Times", donde se cuestionaba a través de un informe forense otro de los axiomas de la egiptología clásica, que mantenía que la cara de La Esfinge era la del Faraón Kefren.
Los resultados demostraban que en poco o nada se parecían. Del mismo modo también conmocionó a la opinión pública otro informe de R. Schoch y T. Dobecki en el que se denunciaba la presencia en el subsuelo de La Esfinge, de numerosas cámaras y galerías secretas, incluso algunas conectadas con las pirámides, como se vera mas adelante.
La ira y la rabia de la comunidad arqueológica oficialista terminó por hacer ceder al Gobierno de Egipto, que a partir del año 1.993 prohibió todo tipo de investigaciones a locos extranjeros que no constasen con la aprobación y el beneplácito del Sr. Zahi Hawass y sus colegas académicos. Son muchos los textos antiguos y leyendas que apoyan que el rostro de La Esfinge representaba a un dios, como así cuenta en la estela que mandó erigir el propio Tutmosis IV entre las garras de La Esfinge, después de su experiencia personal a través del sueño en el que le habló La Esfinge y le prometió el trono de Egipto, a cambio de que la desenterrara. Tal vez un dios de los que dominó Egipto en el "Zep-Tepi" o Tiempo Primero, como lo denominan los antiguos textos egipcios y que, procedentes de las estrellas gobernaron durante miles de años a las orillas del Rio Nilo.
 
La respuesta, como tantas otras, permanece perdida y en parte oculta por la intransigencia de aquellos que se creen en poder de la verdad absoluta. Sólo a ellos se les debe reprochar tan triste y lamentable actitud que en nada beneficia nuestro innegable derecho a conocer y saber nuestra historia, dejando a un lado banderas o credos, pobres lastres creados por la ignorancia y la arrogancia del ser humano.

¿Quien la edifico?

Leemos en hipotesis de autores que nos merecen respeto, que la gran esfinge no es obra de los egipcios, sino que procede de alguna otra civilización, mucho más antigua, de la que se ignora, naturalmente, todo.
¿Pero si la Esfinge no fue erigida por la cultura egipcia, entonces quién fue capaz de construirla? Las antiguas leyendas de la Atlántida, siempre han sido solo eso: leyendas, ya que no existe una prueba contundente de su existencia.(ver articulo sobre la Atlantida aquí) Se cree que era una antigua civilización que pudo haber florecido en algún lugar en el océano Atlántico, y que por algún cataclismo o abuso de tecnología sucumbió y se hundió bajo las aguas. Para muchos investigadores tanto la cultura Egipcia como la Maya y aún los Incas son los sobrevivientes de los atlantes. Esto podría explicar sus avanzados conocimientos de medicina, astronomía, arte, etc.
El famoso clarividente Edgar Cayce la mencionaba en varios de sus trances. Su principal objetivo al entrar en estado de trance era el ayudar a diagnosticar enfermedades, pero muchas veces como parte de este diagnóstico surgían escenas de vidas pasadas y muchas de ellas teniendo como escenario la Atlántida. En sus incontables horas en trance pudo predecir muchos sucesos mundiales, algunos de los cuales se cumplieron mientras otros resultaron erróneos. Dentro de esa multitud de predicciones menciona a la gran esfinge, donde asegura que se encontrarán cámaras ocultas que revelarán la historia completa de la humanidad desde tiempos de los atlantes.
Los estudios sismológicos efectuados en 1993 por Thomas Dobecki, de la firma McBride-Ratclif & Associates, bajo la coordinación de John A West, indican la existencia de una cámara subterránea que se encuentra frente a las garras de la esfinge a unos siete metros por debajo del piso. ¿Será acaso la cámara de los registros históricos mencionada por Edgar Cayce?

En 1993 el equipo de investigadores fue expulsado del sitio por las autoridades egipcias, considerando sus investigaciones poco científicas y con fines de lucro y publicitarios.
A la fecha las autoridades no han permitido continuar las excavaciones en torno a los túneles y cámaras secretas de la esfinge. Se teme que se confirme una autoría distinta a la de los antiguos egipcios.
Mientras tanto, la esfinge yace inmutable, bajo el ardiente sol del desierto, desafiando las edades, su mirada fija en la eternidad, aguardando el momento idóneo para revelar sus secretos: ¿Quién soy? ... ¿de dónde vengo?... ¿a dónde voy?

 Dimítri Merejkovskí, el autor de novelas históricas famosas, escribe con ligereza sorprendente en su libro, por otros conceptos muy interesantes, Los misterios de Oriente: "La esfinge es muy anterior a las pirámides y es la más antigua de todas las obras que ha producido la humanidad. En los rasgos de la esfinge aparece por primera vez la faz humana... " Muchos escritores, entre ellos Flaubert, le encuentra un tipo negroide. "Por otra parte, seguramente es de origen etíope, pues tiene los labios muy gruesos."
El que reflexione un poco y observe a la esfinge sin dejarse llevar de prejuicios ni de la fantasía, no hablará de labios belfos negroides aun cuando ignore que los primeros negros hicieron su aparición en la historia de Egipto hacia el año 2000 a. de J.C. Muy posiblemente la mandíbula algo prominente ha contribuido a la difusión de esta teoría insostenible.
Las degradaciones sufridas por la cabeza del gigante puede que hayan contribuido a la diversidad de las interpretaciones que su expresión sugiere. Las peores mutilaciones las sufrió durante el período árabe. Hacía el año 1380 d. J. C. un jeque cobró triste fama de iconoclasta furioso ensañándose en ella. Los mamelucos ejercitaban la puntería tomando su cabeza por blanco, y fue seguramente abierta por una bala de cañón la ancha brecha que desfigura la parte superior izquierda del cráneo. La nariz está completamente destruida y también el labio superior sufrió desperfectos. El viento cargado de arena del desierto ha ido rebajando peligrosamente la piedra calcárea menos resistente del cuello y la forma exterior del torso. La cabeza de la serpiente frontal, así como el porta barbas se desprendieron hace tiempo y algunos fragmentos se conservan en el Museo de Antigüedades de El Cairo y en el Museo Británico de Londres. Además, el tiempo ha obliterado casi totalmente una figura enigmática esculpída en el pecho de la esfinge.
Según un antiguo documento árabe, las facciones de la esfinge eran nobles y armoniosas, lo cual ningún observador objetivo y versado en el arte egipcio pondrá en duda, a la vista de los vestigios todavía existentes. A pesar de todos los ultrajes del tiempo y de los hombres, la esfinge ha conservado su porte altivo y digno y sigue dirigiendo la mirada al infinito, indiferente a las pequeñeces que la rodean. En las mejillas quedan aún trazas de la pintura pardo‑rojíza que las cubriera antaño. En el transcurso de su trabajo, los canteros tropezaron sin duda con una masa de piedra calcárea gris amarilla más blanda que el resto, y cuya mediocre calidad de resistencia la hacía impropia a la transformación en síllares. Se supone que esta planta llamaría la atención de Kefrén y de sus arquitectos y les inspiraría la idea de construir con ella una esfinge monumental. Que la tradición esté en lo cierto o no, el caso es que entra en lo posible y esta empresa encaja perfectamente con el impulso creador titánico e ingenuo a la vez de aquel pueblo que no había llegado todavía a la madurez. Por otra parte, cabe tener en cuenta que son más bien endebles los indicios sobre los que se atribuye a este rey la erección de la esfinge. En efecto, una mención problemática a Kefrén, la cual se remonta a una época muy posterior, hacia el año 1400 a. J. C., que aparece inscrita entre las patas delanteras de la esfinge, sólo demuestra que entonces, bajo el reinado del faraón Tutmosis IV, aquel rey pasaba por ser su constructor. Por lo demás, en apoyo de esta suposición únicamente puede invocarse el emplazamiento de la esfinge en el cementerio real de la IV dinastía, un vago parecido con ciertas estatuas de Kefrén y la forma achatada de la serpiente frontal.
Las proporciones del cuerpo de la esfinge causan asombro por su gran disparidad. En relación con el cuerpo echado del león, y sus grandes garras, la cabeza sorprende por su pequeñez, sobre todo si se tiene en cuenta que faltan las partes del némsit que bajaban hasta el pecho. Los ojos son de tamaño inusitado y desmesuradamente abiertos; la órbita sobresale excesivamente y .el rabillo del ojo está profundamente vaciado. Los bordes laterales de la toca faraónica, en lugar de caer rectos en el mismo plano de las mejillas, quedan, según la moda antigua, detrás de las orejas, las cuales aparecen así como socavadas. En esta composición, abandonada posteriormente, radica el verdadero motivo de haber adoptado la materia blanda para esculpir 1a esfinge.
Estos rasgos característicos están ausentes en los magníficos retratos del rey Kefrén, ya casi de un academismo consumado. Si las reconstrucciones no nos engañan, este rey mandó colocar parejas de esfinges de tamaño corriente para decorar los dos accesos de su templo funerario. La gran esfinge tiene un no sé qué de más primitivo y único. Además las vías de acceso que suben a los templos funerarios de Keops y de Micerino forman ángulo recto con la base de las pirámides respectivas, están orientadas hacia el Este a lo largo de la meseta desértica siguiendo el camino más corto. Por este motivo el antiguo camino a la pirámide de Keops se desvía incluso un poco hacía el Este‑Nordeste.
No sucede lo mismo con Kefrén. Aquí el sendero atraviesa un suelo desfavorable e inclinado, a pesar de que podía haberse utilizado un pliegue de terreno más directo y fácil en dirección Este. De este modo, el camino, muy incómodo, sigue un ángulo opuesto al que conduce a la tumba de su padre, pero así no se ve obligado a dejar a la esfinge fuera del recinto funerario reservado a Keops. La piedra filial parece haber dictado a Kefrén el emplazamiento de su propio templo funerario. Destacándose imponente y majestuosa en su hoyo, la esfinge alza la vista como desde otro mundo, por encima de los sillares de las murallas de los templos hacia el horizonte por el que sin interrupción, una mañana tras otra, se encumbra el disco rojizo del sol.
¿Es acaso la mirada de Keops, y no la de su hijo Kefrén, la que anima los inmensos ojos de piedra de la esfinge? ¿Tenemos ante nosotros a Keops, al mismo Keops que eligió esta punta de desierto para cementerio real e hizo levantar allí la primera gran pirámide?
No poseemos aún ningún documento iconográfico que se relacione con el nombre de Keops y nos permita hacer comparaciones entre la imagen de este monarca y el rostro de la gran esfinge.
El templo correspondiente a su pirámide permanece todavía enterrado debajo de la actual aldea de Kafr el‑Samman. Los vestigios del camino funerario indican en qué dirección deberían emprenderse las excavaciones.

Coincidencias Astrológicas

Robert Bauval (Ingeniero Civil, escritor, geologo y astronomo aficionado),Graham Hancock (escritor, historiador) y John West (egyptologo, astronomo aficionado) formaron un equipo que llego a la conclusion que el Sphinx de Gizeh habria sido tallado en la roca hace mas de 10000 A.C.
Debido al movimiento de precesión equinoccial, el Sol recorre una constelación en aproximadamente dos mil años, por lo que a mediados del siglo pasado entró en la constelación del Aguador, precisamente en oposición a la de Leo, es decir que hemos recorrido medio año platónico. Basandose en las huellas dejadas por la erosion vertical (ranuras) hechas por fuertes lluvias sobre el Sphinx y admitiendo que los niveles de lluvia para hacer esta erosion correspondieron al ultimo periodo glacial de la historia de 18000 A.C a 10000 A.C El investigador refuerza su hipótesis diciendo que las mismas pirámides forman un mapa tridimensional de la constelación de Orión, coincidiendo sus posiciones con aquellas que tenían las estrellas hace ciento veinticinco siglos.
Utilizando el programa informatico SkyGlobe que utiliza el principio de la Precesion, se dieron cuenta que el unico momento en que las galerias internas de las 3 piramides apuntan exactamente las 3 estrellas de Orion es 10500 A.C
También la dirección en la que mira la esfinge hacia el horizonte coincide con la posición que tenía el Sol en su ascenso en esos tiempos. De forma que los antiguos constructores dejaron plasmado un retrato de las estrellas en sus monumentos. Lo mismo que hicieron los arquitectos de las antiguas catedrales góticas en emplazarlas de acuerdo a la constelación de la virgen.

Otra teoría indica que el rostro original de la Esfinge se ha perdido, que originalmente era la cabeza de un León. Si observamos el  monumento vemos que el cuerpo está completamente proporcionado, sin embargo la cabeza es extrañamente más pequeña que el resto de la figura. Esto puede deberse a que se talló una segunda cabeza quitando material de la cabeza original del León.

Tuneles bajo la Esfinge

A continuación se transcribe un articulo publicado en la prestigiosa revista Año Cero en Agosto de 1998 bajo el titulo “La verdad sobre los Tuneles de la Esfinge”, por Nacho Ares
                    

El redescubrimiento en los años ochenta de unas galerías que discurrían bajo el cuerpo de la Esfinge de Gizeh parece dar la razón a los cronistas antiguos y modernos que defendieron su existencia. Ahora la Egiptología debe evaluar hasta qué punto son ciertas las leyendas que atribuyen al subsuelo de la meseta de Gizeh la posesión de un entramado de galerías con los tesoros materiales y psíquicos de civilizaciones legendarias.
Aquella mañana de septiembre, muy temprano, desde la ventana del hotel, presencié cómo la niebla comenzaba a disiparse por la meseta de Gizeh. Ya se podía observar las cimas de las tres pirámides. Cogí el material que había amontonado sobre la cama y me dispuse a caminar hasta la meseta. El lugar, casi vacío después de los últimos atentados terroristas, daba pie a pensar que el trabajo iba a resultar tranquilo. Tras veinte minutos a pie, ante mis ojos se encontraba, majestuosa como siempre, la Esfinge de Gizeh.

Auténtico logotipo de la cultura faraónica, Abu-el-Hol o Padre del terror tal y como la llaman los actuales egipcios, este león larguirucho mantiene en silencio uno de los secretos mejor guardados de la civilización egipcia. Aunque a ciencia cierta se desconozca la fecha de su construcción y a quien representa, suele vincularse más mal que bien con el faraón Kefrén de la IV dinastía (ca. 2550 a. C.). La popularidad que siempre la rodeó ha motivado que tan ilustre monumento haya protagonizado las leyendas más bellas y a la vez, los espectáculos luminotécnicos de peor gusto a los que uno pueda asistir.
Entre los relatos más hermosos que acompañan la historia de esta figura milenaria, se encuentra el celebérrimo encuentro con el entonces príncipe y futuro faraón Tutmosis IV (ca. 1425 a. C.). cuando el príncipe tras una cacería se quedó dormido a la sombra de la Esfinge, el león se le apareció en sueños anunciándole que reinaría aunque, realmente Tutmosis por aquel entonces, no fuera más que un segundón. También le pidió que fuera clemente con su sufrimiento y que la liberara de la 1ardiente arena del desierto que la cubría. Tras ser coronado, Tutmosis mandó erigir una estela de granito entre las patas de la Esfinge para rememorar el encuentro divino. Dejando de lado la veracidad o no de la historia descrita en la estela, son más interesantes y enigmáticos los relieves que aparecen grabados sobre la luneta. En ella se ha representado una escena duplicada, en donde aparece el faraón Tutmosis IV realizando una serie de ofrendas ante una esfinge. La estatua del león se presenta con todos los aditamentos decorativos que debió de tener en la antigüedad y, lo más curioso de todo, reposa sobre una construcción arquitectónica.
La interpretación habitual que afirma que el palacio grabado en la estela no es más que el templo que tiene ante si la Esfinge, es del todo evasiva desde nuestro punto de vista si nos atenemos a las reglas de perspectiva utilizadas por los artistas egipcios. Dejando de lado el hecho de que la forma del edificio representado sobre la estela y la del que podemos ver en Gizeh es totalmente diferente, los egipcios habrían colocado el templo, según sus reglas, delante de la Esfinge y no bajo ella, ya que la ubicación de este edificio en la meseta se encuentra más adelantada que la de la propia Esfinge. La única solución que queda, por eliminación, es que ese edificio, palacete o lo que sea, se encuentre debajo del cuerpo de la estatua, hecho que todavía nadie ha podido confirmar aunque los indicios sobre su existencia son cada vez más abundantes y espectaculares. La sospecha de que bajo la Esfinge exista algún tipo de túnel que la pueda vincular con la Gran Pirámide o con una supuesta biblioteca milenaria que pudiera estar bajo el león, es tan antigua como el propio monumento. Ya en el siglo X de nuestra Era, los cronistas árabes mencionaban la existencia de puertas secretas que daban acceso a interminables galerías que a su vez llevaban a grandes cámaras llenas de tesoros.
Con ocasión de una conferencia pública, el Dr. John Kinnaman (l877-1961), arqueólogo bíblico de renombrada fama durante la primera mitad de nuestro siglo, afirmó que, habiendo ido a excavar a la meseta de Gizeh en 1924 junto con el prestigioso egiptólogo Sir Flinders Petrie, célebre por sus estudios sobre dicha meseta, ambos investigadores descubrieron de forma casual un túnel al sur de la Gran Pirámide. Según Kinnaman, quien durante su exposición narró una historia al estilo de las célebres novelas de Lobsang Rampa, existía un corredor descendente que, sumergiéndose a gran profundidad, llegaba hasta una sala que albergaba un gran número de máquinas de extraño funcionamiento y, por supuesto, de origen desconocido. También mencionó la existencia de miles de prismas de cristal cuya función ignoraba, y una máquina antigravedad, entre otras muchas cosas que "usted no se creería", según las palabras textuales que Kinnaman pronunció en la mencionada conferencia. Curiosa o sospechosamente, el arqueólogo no recordaba la ubicación exacta de este túnel tan
singular, por lo que no ha vuelto a ser encontrado jamás.

Pero sin duda alguna, el episodio más simpático de la época moderna fue el vivido por el príncipe Faruk, el hijo del rey Fuad de Egipto, quien en 1945, emulando la gesta de su heroico antepasado Tutmosis IV no tuvo otra ocurrencia que ir de noche en su jeep a visitar la Esfinge
"para tocar algo y empujar una enorme losa abierta, que hacía de puerta", según nos cuenta el propio Faruk. La narración del rey no tiene nada que envidiar a la anterior, pues tras aquella puerta encontró, en palabras textuales, "una gran habitación guardada por un autómata".
Desgraciadamente, Faruk no dice que‚ era aquello tan importante que merecía ser guardado por un autómata, y al igual que sucedió con Kinnaman, tampoco recordó el lugar exacto donde estaba dicha puerta.
1Sin embargo, haciendo bueno el refrán "cuando el río suena piedras trae", todas estas historias aunque narradas, que duda cabe, de una forma extravagante por sus protagonistas, no hacen más que respaldar los estudios que se han realizado sobre el monumento en el que se han apreciado varias concavidades en diferentes partes de la estatua.
 De esta manera, se ha podido descubrir que, para asombro de muchos y espanto de otros, tanto la meseta de Gizeh como la propia Esfinge son un auténtico queso de agujeros.
Tengamos muy en cuenta que con los estudios realizados sobre la configuración geológica de la planicie, por encima de la cual se asientan las tres pirámides más importantes de Egipto, se ha llegado a la conclusión de que hace miles de años el agua debió correr a su gusto bajo la meseta, por lo que los egipcios pudieron haber utilizado estos túneles creados de forma natural, para comunicar subterráneamente unos monumentos con otros.

Un descubrimiento asombroso

En el año 1979, el estado de conservación de la Esfinge de Gizeh iba de mal en peor se necesitaba realizar con urgencia una campaña de salvación del monumento para que, literalmente, el león no perdiera la cabeza. Una precaria restauración realizada por los egipcios, y en la que no tuvieron otra ocurrencia que usar cemento para reconstruir la Esfinge, empeoró en pocos años el estado de la cabeza de la estatua. Para salvar a la Esfinge, un grupo egipcio-americano de arqueólogos diseñó el llamado Sphinx Project. Durante los años 1979 y 1983 el Proyecto de la Esfinge, evaluó los daños sufridos sobre el león y esbozó una especie de invernadero que algún día, esperemos que pronto, cubrirá la estatua en su totalidad, alejándola de los peligros de la contaminación de la zona.

Tras las primeras campañas de la misión egipcio-americana, un viejo obrero fellah llamado Mohamed Abd al-Mawgud Fayed, que había trabajado cuando era niño en el último desenterramiento de la Esfinge en 1926 llevado a cabo por el ingeniero francés Emile Barazi, comunicó a los directores del equipo de restauración la existencia de una pequeña abertura junto a la cola del león, que había sido olvidada hasta hoy. Según este anciano, el agujero daba acceso al interior del cuerpo de la estatua. Ante tan extraordinario descubrimiento, los miembros del ARCE (American Research Center in EGYPT) encabezados por los egiptólogos Zahi Hawass y Mark Lehner, no dudaron un instante en coger sus lámparas, olvidarse por unos días de la cabeza de la Esfinge e introducirse en su interior. Lo que descubrieron los arqueólogos no se parecía en nada a las legendarias galerías descritas por los cronistas árabes antiguos y modernos; galerías y pasillos que se introducían en el interior de la tierra hasta profundidades insospechadas, encontrando a su paso toda clase de tesoros maravillosos. Todo lo contrario. Descubrieron un túnel-pozo formado por dos grutas muy estrechas con poco más de 1 metro de anchura, cuya longitud total no superaba los 9 metros. Uno de los pozos asciende hacia el interior del cuerpo del león siguiendo la curva de sus cuartos traseros, mientras que el otro desciende introduciéndose en vertical en la roca de la meseta de Gizeh. Ambas grutas forman un ángulo de 90 grados. Las paredes no han sido pulidas, por lo que su aspecto es muy tosco, similar a la traza que ofrecen las bodegas castellanas. Si se hace un seguimiento exhaustivo de las huellas de las herramientas utilizadas para su construcción, éstas parecen indicar que la labor en el labrado del túnel-pozo se realizó de arriba a abajo.

A lo largo del mismo aparecen en la parte superior una especie de peldaños, a modo de agujerillos en la pared, excavados para ayudarse en la ascensión por el túnel. Tras obtener el permiso oportuno me introduje por un angosto hueco. El ambiente era húmedo y fresco comparado con el terrible calor de la superficie. Recientemente han colocado una pequeña escalera metálica que facilita de alguna manera el acceso al interior de la Esfinge. En lo más profundo del pozo se amontonan los desechos, improvisado basurero de los guías locales que "vigilan" el recinto de Gizeh.
 
1El significado de este túnel-pozo, como reconocen Hawass y Lehner, se nos escapa de las manos. Las evidencias descubiertas por los arqueólogos, indican claramente que su realización se llevó a cabo durante una época faraónica, ignorada desde el punto de vista cronológico. La existencia de los peldaños antes mencionados, ha hecho pensar a los investigadores del Sphinx Project en la posibilidad de que los túneles pudieran tratarse de una tumba privada, ya que son varios los ejemplos que conservamos en donde aparece esta estructura arquitectónica. Por otra parte, que duda cabe que una hipótesis mucha más sugestiva, es que pudo tratarse del intento desesperado de buscar en el interior de la Esfinge las legendarias riquezas de las que la tradición la hacía poseedora. Finalmente, también puede tratarse del comienzo de una galería mucho más extensa que, quizás, diera lugar a una enrevesada red de galerías que pudieran transcurrir bajo la meseta de Gizeh, conectando las pirámides entre si, tal y como hemos señalado anteriormente. Dilucidar cual de estas opciones es la correcta será tarea de futuras expediciones.

Investigaciones futuras: lo que queda por descubrir
No obstante quedan por estudiar otras muchas partes de la Esfinge en las que se conoce la existencia de varias concavidades. A raíz del descubrimiento del fellah al-Mawgud Fayed, los investigadores se han detenido a apreciar el momento vivido a comienzos de siglo con la apertura de otras cavidades. Para su estudio, según estas fotografías, se utilizaron niños de baja estatura y corpulencia.

Por otra parte, el geofísico estadounidense Thomas Dobecki realizó a comienzos de los años 90 una serie de investigaciones conjuntas con el geólogo de la Universidad de Boston Robert Shoch -autor este último de las polémicas teorías que datan la Esfinge por su erosión entre el año 5000 y el 7000 a.C. En estas investigaciones se descubrieron "anomalías y cavidades en la roca madre entre las patas del león y a lo largo de los lados de la Esfinge. La más sorprendente de las cuatro que se descubrieron, era una cuyas medidas de la base eran 9 por 12 metros, y con una profundidad de 5. Las dimensiones y la estructura de esta nueva cámara excluían totalmente la posibilidad de que se tratara de una cámara natural del suelo de Gizeh. Por el contrario, daban a entender que Dobecki se encontraba ante una construcción artificial que alguien dejó allí hace no se sabe cuanto. Es decir, que aún quedan secretos escondidos en el oscuro vientre de la Esfinge.

 

Fuentes y enlaces relativos:
www.wikipedia.org
www.bibliotecapleyades.com
www.losenigmas.com.ar
www.robertbauval.co.uk
www.akasico.com

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(1927-1996)
Escritora, arquitecta y nutricionista. Nació el 7 de agosto de 1927 en la ciudad de Salta, provincia del mismo nombre en la República Argentina. Hija de Abraham Ahuerma y Carmen Ruiz.
En 1942 se tituló como maestra de la Normal "Manuel Belgrado" de la ciudad de Salta.
De 1945 a 1948 estudió en el Instituto Nacional de Nutrición, en Buenos Aires, becada por el Gobierno de la Provincia de Salta y por el Instituto Nacional de Nutrición.

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