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Tocando el Dragón Invisible

dinvisible

La lucha entre el escéptico y el creyente nos hunde en una especie de samsára eterno del que como humanidad se nos ha complicado salir.

¿Por qué existe inherente en nosotros la necesidad de creer, si desde pequeños el instinto más bien nos enseña a necesitar pruebas ante lo desconocido?
Cuando somos recién nacidos nos valemos instintivamente de nuestros sentidos físicos para conocer nuestro entorno, iniciando por el primer abrazo de nuestra madre al momento del parto, ese momento inicuo de perfecta conexión con nuestro origen nos enseña el valor del tacto, poco a poco nos demostramos a nosotros mismos nuestras primeros tanteos con la vista, hasta pasar luego al gusto y al olfato, claro está que paralelamente y no necesariamente en orden consecutivo, al cabo de unos meses u años el niño siente, ve, huele, toca y degusta para poder valerse de pruebas que le digan mediante estímulos que puede y no puede hacer.
Solo es nuestro inicio primigenio, la relación instinto-estímulo empieza a enseñarnos las primeras etapas del llamado método científico(teoría o hipótesis vs pruebas). Entonces, la pregunta de nuevo recalcitrantemente sería: ¿que sucede que nos hace perder el sentido de la curiosidad científica, observación-experimentación, durante nuestro crecimiento?

El dragón en el garaje​ es una analogía utilizada por el astrónomo y exobiólogo Carl Sagan en su libro "El mundo y sus demonios", como forma de criticar los argumentos Ad ignorantiam usados en diversas pseudociencias.

En su libro, Sagan explica:

«En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca». Supongamos que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!
—Enséñemelo —me dice usted.
Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.csagan saber—¿Dónde está el dragón? —me pregunta.
—Oh, está aquí —contesto yo moviendo la mano vagamente—. Me olvidé de decir que es un dragón invisible.
Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.
—Buena idea —replico—, pero este dragón flota en el aire.
Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.
—Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.


Sugiere pintar con spray el dragón para hacerlo visible.
—Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.
Y así sucesivamente. Yo contrarresto cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento concebible válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluto a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo le he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Cayendo en el corazón del presente artículo es precisamente el dilema irrisorio que tenemos lamentablemente hoy en día con el Internet y el fenómeno del Siglo: El fenómeno OVNI.
Una analogía similar nos la presenta La tetera de Russell; es una analogía acerca de la existencia de Dios, que propone la presencia de una tetera de porcelana que οrbita alrededor del Sol, entre la Tierra y Marte, creada por el escritor, filósofo y matemático británico Bertrand Russell para refutar la idea de que es al escéptico a quien corresponde desacreditar las afirmaciones infalsables de la religión.
Ahora bien, quiero aclarar en primera instancia que NO SOY ESCÉPTICO, sin embargo como ingeniero he podido desarrollar la necesidad de tener datos a la mano( al menos válidos) para poder tener una base de criterio.
En lo que respecta al fenómeno OVNI ciertamente las personas hemos olvidado absolutamente el sentido crítico, obviamente un artículo de un blog no basta para probar la realidad física, tangible y material de ese “Dragón Invisible” que llamamos Fenómeno OVNI, sin embargo cualquiera que se haya metido en el río, más que mojado los pies en el agua del estudio del fenómeno sabe de lo que hablo- empero es hasta risible a veces ver cómo hemos caído en un sincretismo sin precedentes a la hora de explicar y dar orígenes a las inteligencias detrás de éstos objetos y sus intenciones, algunas explicaciones tan rocambolescas que rayan en lo novelesco y fantástico, todo ello sin ninguna prueba circunstancial ni beneficio de la duda.
Lamentablemente (debo admitirle al amigo lector), somos los creyentes los que tenemos que probar, al menos con un argumento válido lo que aseveramos en contraposición con los escépticos, en lo que respecta a la llamada creencia…la ciencia no admite suposiciones, sólo datos.
Yo puedo creer que existen los extraterrestres detrás de los OVNIs, que vienen en sus naves a salvarnos o a dominarnos (reptilianos-reticulis, etc), que existen diferentes razas, que nos abducen para sus experimentos, y que piensan y razonan igual o en algunos casos peor que los humanos, pero ¿que prueba circunstancial tengo de todo ello?, aparte claro está de la validez de las pruebas testimoniales que pueda aportar, así como los testimonios gráficos como fotografías o videos. Es decir, una cosa es saber (no creer) que existe el fenómeno OVNI como tal y otra muy diferente es adornarlo de una manera rimbombante y hasta ridícula sin antes haber sometido toda información que nos llegue al sentido crítico y la duda razonable.
Agraciadamente y para dicha nuestra, existen grandes investigadores-pensadores que han podido dar al traste con ello, se han detenido a pensar (algo que no hacemos muy seguido últimamente) y han conseguido plantear algunas ideas mucho más que interesantes, Jesus Callejo, Jose Antonio Caravaca, Jacques Vallée, John Keel, Renato Longato entre muchos otros.
Cuando a las personas les sucede una experiencia de alguna clase con la inteligencia detrás del fenómeno busca alguna explicación a lo que le sucede, para llenar los agujeros de información en su haber, es ahí donde la línea entre la creencia y el hecho empieza a diluirse creando sesgos terribles, claro que por comodidad tomamos muchas de éstas informaciones como las mejores explicaciones a los hechos y nos sumamos al bulto de personas que “creen” en lugar de pensar.
Justamente ese juego entre el escepticismo y la creencia es el principal caldo cultivo para filosofías de toda clase y explicaciones pululantes, cosa que las inteligencias detrás de estos fenómenos parecen conocer al dedillo, siempre dando de comer a ambas, a su manera.
Para muestra un botón: en Costa Rica por ejemplo son muy comunes los llamados OVNIs fortuitos, objetos que aparecen en las fotografías, algunos realmente espectaculares y generadores de verdaderas dudas razonables, sin embargo el mazo del escepticismo podría caer pesadamente y preguntar ¿Por qué si desean mostrarse en las fotos no lo hacen de una forma más explícita?. La respuesta pareciera muy simple pero no lo es, porque no desean hacerlo, podría uno cabildear, ante esa aseveración volveríamos a aquella analogía del Dragón Invisible en el garaje, ante cada argumento del creyente existiría un contraargumento dejando el portillo abierto eternamente.
Entonces la duda continúa y la ciencia dirá que son simplemente manchas, aves, insectos, defectos de cámara, y un largo etc.
Hasta ahí se conformaría el argumento escéptico, sin embargo, aquí es donde entra la duda y debemos tirarnos al río con todo y ropa, pues muchas de las tomas evidente y simplemente NO son ni aves, ni insectos, ni manchas en la lente, ni mucho menos, y así ad eternum.
Quien sea que esté detrás de estos objetos, de alguna manera está “jugando” con nuestra criticidad, sentido de la observación, raciocinio, y hasta sentido del humor guarro, y la existencia del Dragón Invisible sigue sin ser probada, la ciencia admite que el Dragón es un invento o mala interpretación, pero los objetos siguen apareciendo...

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